¿Dictadura o régimen
militar?
Intentando preservar la
memoria histórica, este artículo busca precisar el contexto internacional en
que se dio el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la lectura que de
esa etapa histórica hicieron los militares, la derecha que propició el golpe,
el Gobierno de Salvador Allende y los partidos que integraban la Unidad Popular
y aquellos que actuaban por fuera de esa coalición.
En una evolución social que
significó demandar cambios sociales de fondo, el gobierno de Eduardo Frei
Montalva asumió en 1964 con mayoría absoluta, ofreciendo la Revolución en
Libertad y la profundización de la reforma agraria iniciada por el gobierno de
derecha de Jorge Alessandri Rodríguez. Salvador Allende asume
constitucionalmente por acuerdo del Congreso Pleno el 4 de noviembre de 1970,
siendo su propuesta la vía democrática al socialismo. En el contexto
internacional de la guerra fría, la crisis de los misiles se había resuelto con
el retiro de las plataformas de la isla de Cuba y con una tácita delimitación
de las hegemonías de la URSS y de EEUU, en sus respectivas áreas de influencia.
La revolución cubana, en principio respaldada por los EEUU representó un fuerte
impacto sobre los intereses militaristas norteamericanos, que viendo fracasar
la invasión a Bahía Cochinos, se focalizaron en contra del Presidente Kennedy,
asesinado por su posición democrática y por no querer incrementar la presencia
militar en Asia. Ese crimen político colocó al mando de la superpotencia
occidental a los sectores ultra conservadores que hicieron entrar a EEUU en la
desastrosa guerra de Vietnam. Esos mismos sectores apoyaron la campaña de Frei
Montalva y su Revolución en Libertad, por considerarlo un freno a la expansión
de la revolución cubana en América.
Cuando en 1970, 4 de
septiembre, gana las elecciones Salvador Allende, Richard Nixon monta en cólera
y ordena a Henry Kissinger frenar a como dé lugar la asunción de Allende al
gobierno. Se inicia a partir de ese momento el complot para intentar disuadir a
la Democracia Cristiana que apoye en el Congreso al candidato socialista que
encabezaba la coalición denominada Unidad Popular, la vía chilena democrática
hacia el socialismo. Y en esa dinámica, la ultra derecha intenta el secuestro del
Comandante en Jefe del Ejército.
The Pinochet File releva
cómo Henry Kissinger lidera el complot para impedir que Allende asuma,
vinculándose con Patria y Libertad, fuerza de choque de la ultra derecha
criolla. El resultado del complot fue el asesinato del Comandante en Jefe del
Ejército, René Schneider Chereau, ocurrido el 25 de octubre de 1970, cuando se
intentaba secuestrarlo para inculpar a la izquierda y así evitar que en el
Congreso se diera el pase a la Unidad Popular para asumir el gobierno. En los
archivos desclasificados de la CIA se lee que Kissinger se plantea implantar en
Chile un régimen militar, que sea afín a los intereses hemisféricos de la
superpotencia, en el contexto de guerra fría frente a la amenaza comunista. El
TIAR, Acuerdo Interamericano de Asistencia Recíproca, equivalente a lo que era
la OTAN en Europa o el CENTO (Central
Treaty Organization) en Medio Oriente, representaba ese hilo
conductor ideológico que construía la potencia militar con su periferia,
traduciéndose en términos de hipótesis de conflicto, en prepararse para
enfrentar al enemigo ideológico representado entonces por la China de Mao, por
la URSS y por Cuba, enclavada con su revolución frente al mismo EEUU. Los
militares chilenos recibían entrenamiento en el Instituto del Hemisferio Occidental para
la Cooperación en Seguridad (Western
Hemisphere Institute for Security Cooperation), Escuela de las Américas, en Panamá, donde se enseñaban
prácticas de contrainsurgencia. Vale decir, en el concepto de guerra en que se
formaron las tropas chilenas estuvo ese sustrato ideológico que significaba
visualizar como enemigo a todo lo que oliera a “comunismo”. Por ende, su visión
de la guerra tenía una fuerte connotación ideológica en el contexto de la
guerra fría, donde su alineación era inequívoca.
Por lo tanto desde la óptica
estratégico militar, cuando se habla de regímenes militares no es más que parte
de esa visión belicista ideológica, que se tradujo en América Latina en la toma
del poder total de los Estados, en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y
Bolivia, en pro de una guerra ideológica en contra del enemigo hemisférico, el
imperio comunista, vertebrado a su vez en el Pacto de Varsovia, y en alianzas
operativas regionales como lo fuera la OLAS (Organización Latinoamericana de
Solidaridad). La reacción militar contra los movimientos revolucionarios que
siguieron en América Latina la tesis de la vía armada, representados por los
Montoneros, el ERP, los Tupamaros, el MIR, los socialistas Elenos, en
definitiva movimientos que asumían la vía armada para la revolución y se
preparaban para ello, fue una concertada acción de guerra “en contra del
enemigo interno” articulada a nivel hemisférico, en consistencia con el
gobierno norteamericano de ese período.
El crimen cometido por
Patria y Libertad en contra del General René Schneider generó un efecto
contrario al buscado por los complotadores. El Congreso vota por la primera
mayoría (Allende 153 votos, Alessandri 35) y es designado Presidente de la
República don Salvador Allende Gossens, que había obtenido un 36,6% de los
votos en la elección presidencial. Pero para dar su respaldo, la Democracia Cristiana
exigió un Pacto Político que implicaba una reforma constitucional consistente
en un Estatuto de
Garantías Constitucionales y la renuncia del Pdte. Allende a las facultades
privativas para el nombramiento de mandos militares, que aseguraría que Allende
no se saldría de la Constitución.
Durante el primer año de
gobierno de la Unidad Popular, se avanzó en medidas económicas que temía EEUU,
en particular la nacionalización del cobre por unanimidad y la extensión del
área social productiva a través de resquicios legales, con uso de leyes que
estaban vigentes y que venían de 1932,
cuando había regido una breve período de 3 meses llamado república socialista
en Chile. Sobre esa base legal, el proceso consistía en que cuando alguna
empresa considerada clave de la economía detenía la producción, el Estado la
podía intervenir para que volviera a producir. El complot recibió
fuerte financiamiento externo que permitió sostener las huelgas de camioneros,
pagar la prensa que se convirtió en vocero y trinchera del golpismo.
Pero, de
suyo, el Presidente Salvador Allende debía sumar a la crisis, los costos de un
cuoteo perverso y la indisciplina de sus propios aliados, sectores ultra
izquierdistas que postulándose como vanguardia de una revolución por la vía
armada, formaban cuadros para la defensa y se entrenaban en Cuba, sin obedecer
al Presidente de la República, generando a su gobierno múltiples focos de
conflicto que aumentaban la sensación de desgobierno. El MAPU Garretón, los
socialistas de Altamirano denominados los Elenos (por pretender Ejércitos de
Liberación nacional), el MIR y sus Frentes, buscaban desarrollar en la agudización
de las contradicciones, la validación de la vía insurreccional. El hecho más
grave fue el intento de infiltración de la Armada, que obligó al Pdte. Allende a
querellarse en contra de miembros de la marinería que se organizaba para
desobedecer órdenes y tomarse los buques de guerra, situación de gravísimas
repercusiones. A su vez, la inteligencia de las fuerzas Armadas infiltraba esos
grupos y así se fueron incubando las acciones de desestabilización y jaqueo
institucional para frenar al gobierno del Presidente Allende.
En este contexto y en medio
de esta escalada, se fueron clausurando los puentes de negociación. El crimen
político de la VOP en contra de Pérez Zujovic cercano a Frei Montalva y
sostenedor de una visión democrática para zanjar la crisis, y el asesinato
posterior del edecán Arturo Araya Peters a manos de Patria y Libertad,
ocurrieron justo cuando se tendían negociaciones para una salida no violenta.
El efecto social del mercado negro, de las tomas indiscriminadas, de la falta
de una Unidad de dirección en el Gobierno, llevaron durante Agosto, a que vox populi se hablara del golpe de Estado,
sin dimensionar que el revanchismo y la soberbia de la ultraderecha militarista
aportarían una crueldad inusitada a la represión que sobrevendría.
Cuando el 11 de septiembre
se rodea la Moneda y se la bombardea, el golpe de Estado se instituye a través
de la Junta de Gobierno, organismo cuatripartito donde estaban el Ejército, la
Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros. Por DL N°5 del 12 de Septiembre se
decreta el Estado de Guerra interna. En esa lógica, todos los procedimientos en
contra de los enemigos internos se realizaban con el principio de disciplina en
tiempos de guerra, donde las órdenes no se representan y si alguien desobedece
puede ser ejecutado inmediatamente. Por otra parte, ese estado de guerra
interna permitió entregar a las Fuerzas Armadas y Carabineros los beneficios de
trabajo bajo riesgo lo que significó que previsionalmente durante el período en
que rigió ese DL 5, se les reconociera los años de servicio con una bonificación de 100% por riesgo.
Pero, ese estatus jurídico
de “Estado de Guerra interna” significó que en el trato con los prisioneros de
guerra el Estado de Chile debía respetar la Convención de Ginebra sobre el
Trato a los Prisioneros de Guerra. Así no haya habido un ejército irregular que
haya realizado acciones territoriales de posicionamiento, jurídicamente el DL 5
del 12 de septiembre tuvo implicancias estratégicas, ya que ponía en
funcionamiento práctico el TIAR, validando la injerencia durante el golpe de
mandos norteamericanos, como lo fuera el Teniente Coronel Patrick Ryan que
asumió el mando de las fuerzas de tarea que organizaron el golpe en la Armada
de Chile. En este contexto de
Guerra Interna todos los Prisioneros de Guerra capturados por esas Fuerzas
Armadas Rebeldes debían haber sido tratados de acuerdo al Convenio de Ginebra
Relativo al Trato de Prisioneros de Guerra, Ley Internacional que el Estado de
Chile había ratificado el año 1951 y que estaba plenamente vigente al 11 de
septiembre de 1973. La violación flagrante de este Convenio de Ginebra en el
caso de los miembros del GAP capturados en la batalla de La Moneda, que fueron
torturados y asesinados, y posteriormente "desaparecidos" para no
dejar huella del crimen cometido, constituye un Crimen de Guerra de Lesa
Humanidad de acuerdo a las leyes de la Guerra y una Infracción Grave al
Convenio de Ginebra ya señalado, que ha sido declarado imprescriptible e inamnistiable
por los artículos 129, 130 y 131 de ese mismo Convenio de Ginebra Relativo al Trato
de Prisioneros de Guerra, Ley Internacional que tiene prioridad de aplicación
sobre las leyes chilenas de acuerdo a la Constitución Política vigente en
nuestro país en la actualidad.
La disolución del Congreso y
el control ejercido sobre el Poder Judicial configuraron la Dictadura Militar
que asumió tras un golpe de Estado contra un gobierno democráticamente electo.
Desde el punto de vista internacional las Fuerzas Armadas estaban implementado
un régimen militar que era funcional a los intereses hemisféricos de la
superpotencia a la que estaban institucionalmente alineados. Por lo tanto, desde
su punto de vista estratégico militar, asumir el poder total e implantar un
régimen militar se justificaba en ese DL 5 que establecía el estatus jurídico
de Guerra Interna, con prisioneros, interrogatorios, campos de concentración,
tribunales militares en tiempo de guerra y consejos de guerra. Desde el punto
de vista del derecho constitucional, su actuar fue violentar la
institucionalidad, clausurando la democracia que se basa en la división de los
poderes y las libertades públicas.
Esta discusión sería
bizantina si no conllevase un trasfondo cultural. El intento de negar en la
memoria histórica un hecho efectivo de insurrección armada en contra de un
gobierno constitucional y una serie de abusos en contra de prisioneros, acciones ilegales, que
estaban expresamente prohibidos por las reglas de la guerra. En lo medular, más
allá de la argumentación política en pro o en contra del golpe militar, su
justificación o repudio, en los hechos objetivos las fuerzas armadas actuaron
siguiendo una doctrina de Seguridad Interior del Estado que estaba delineada en
un contexto de alianza hemisférica en contra del enemigo ideológico en la
guerra fría que se luchaba en las periferias de ambos imperios.
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Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, enero 2012.
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