Movimiento Estudiantil 2.0: Evitando una nueva frustración
El movimiento estudiantil chileno ha
cerrado el año con el corolario de una derrota política de Camila
Vallejo en las elecciones para la Presidencia de la FECH, una derrota similar
en las elecciones de la USACH y una partida presupuestaria para Educación que
fue aprobada por 58 votos contra 55. Llegan las fiestas estivales y en el
recuento de los 6 meses de movilización, se obtiene un balance contradictorio
que es necesario leer y revisar desde diversas ópticas.
Desde el plano sectorial de la
Educación el movimiento produjo un avance genuino en materia presupuestaria y
en proyectos separados que apuntan a la modernización.
Con la presión en las calles, el Gobierno ingresó a trámite legislativo el
proyecto de ley de desmunicipalización, que crea una nueva institucionalidad en
el sistema de educación. El proyecto crea las Agencias Locales de Educación
como corporaciones de derecho público para reemplazar como sostenedor a
aquellos municipios que tienen malos resultados en sus establecimientos. Los
municipios con buenos resultados igualmente pueden traspasar los colegios a una
Agencia.
En materia de Educación Superior están en proceso dos proyectos de ley:
sobre reprogramación de créditos universitarios y creación de la
Superintendencia de Educación Superior. El primero es un mensaje del Ejecutivo
que actualmente se encuentra en la Comisión de Educación del Senado. Establece
un mecanismo para que cerca de 110.000 estudiantes universitarios, que gozan
del Crédito Solidario y se encuentran en mora, puedan reprogramarlos en mejores
condiciones y optar al 100% de la condonación de intereses y multas si pagan el
50% de lo adeudado. Si pagan menos del 50% igualmente se benefician de la condonación pero en
porcentajes menores.
El segundo proyecto es el que crea la Superintendencia de Educación Superior,
que básicamente deberá fiscalizar y solicitar información a universidades,
centros de formación técnica e institutos de educación superior. Incluye
las relaciones contractuales con el alumnado, los convenios de las universidades
con los académicos, la supervisión y
transparencia de antecedentes financieros y académicos (incluyendo los
títulos y grados del profesorado), las remuneraciones de éstos, su condición
contractual, los miembros del directorio y su participación en sociedades
con las que contrata la institución.
Desde la óptica política, el realismo parece haber primado por encima
de las consignas ideológicas de los dirigentes estudiantiles. En el desarrollo
del conflicto, el asambleísmo y el “infantilismo revolucionario” fueron la
tónica de una escalada de descalificaciones. La resistencia a sentarse con la
institucionalidad, estirando el elástico en una tozudez sin destino, llevó a la
reacción de sectores estudiantiles no ideologizados, que comenzaron a
organizarse para dar vuelta las asambleas y vaya si lo lograron, cuando
desbancaron a la propia Camila Vallejo de la presidencia de la FECH. Una líder con carisma, personaje del Año de la Revista Time -medio que destacó el liderazgo innato de la izquierdista joven de 23 años- ¿cómo pudo perder la Presidencia de la FECH con ese rating de popularidad?
La explicación hay que
buscarla al interior del movimiento estudiantil donde hubo
peleas duras, aplicación de verdaderas purgas stalinianas en contra de quienes osaron
abrir puentes hacia la institucionalidad. Fue el caso del repudio que sufrió en
su momento el dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de
Talca, Javier Fano, quien
denunció haber sido vetado por la Confech debido a que él habría sugerido solicitar la mediación de la Iglesia Católica para
poner término al conflicto estudiantil. Más allá de que su propuesta haya sido
extemporánea, dada la posición desmejorada de esa Iglesia Católica envuelta en
sus propios problemas de imagen, la actitud de Javier Fano era sólo una
redirección táctica, no una oposición de fondo a la plataforma de cambios,
quizá sí una visión más republicana y menos rupturista con el sistema, cuestión
que le significó ser aislado de la dirigencia.
Dirigencia que ha debido pagar
la factura por sus inconsistencias, estar bien con Dios y con el diablo es
imposible. A la hora de capitalizar lo avanzado, como fue ese momento de
inflexión en que abandonan la mesa directa con el Ministro Bulnes, tratando de
mantener contentos a los sectores nihilistas, que se negaban a todo, los
dirigentes pierden el control del proyecto de Acuerdo y la discusión se va al
Congreso, volviendo a su curso normal institucional. Mientras esto ocurría,
sectores anarquistas, asistémicos, auto marginados de los registros electorales
y por ende sin la calidad jurídica de ciudadanos, comenzaron a contaminar las
marchas con una violencia sin sentido. Cuestión que sólo favorecía a quienes
buscaban bloquear un posible acuerdo donde todos ganaran, pero en el que todos
debían ceder. El todo o nada se escapó de lo educacional para pedirlo todo, en
una irracionalidad que poco a poco fue cansando y los propios jóvenes se
sintieron perjudicados por la conducción y emitieron su voto castigo. De allí
el epíteto de infantilismo revolucionario que afloró en los debates.
¿Qué queda de aquí en más? Estas revoluciones que duran hasta el
viernes y que respetan los domingos y festivos, sufren de muerte súbita cuando
se viene un verano, hay carrete de por medio y hay que respetar el cuerpo
dándole su debido descanso. Con ese ánimo, el haber perdido el año parece ser
un desperdicio, porque los jóvenes no asumieron con responsabilidad republicana
la oportunidad que tuvieron entre manos, la de fundar un Acuerdo que ellos
pudieran pilotear en el tiempo y que condujese, en el espacio acotado del
sistema educacional, a relaciones más equitativas y que abrieran cauces para
otros cambios políticos en la sociedad chilena.
Las calculadoras de la
oposición funcionaron, cuidando que de la comparación entre la crisis del 2006
y la actual, no saliera perjudicada la candidata blindada que mantienen como
única carta. Sin embargo, la comparación ha sido insoslayable, pues siempre
salta la pregunta ¿qué hicieron Uds. por la educación, aparte de generar dentro
de ella sus propios proyectos de educación superior?
Tal como el año 2006 el
movimiento juvenil denominado “los pingüinos” sufrió la frustración de sentarse
a negociar sus demandas con el gobierno “ciudadano” y “amable” de Michelle
Bachelet, que en forma dubitativa demostró falta de voluntad política para
asumir los cambios requeridos o al menos intentarlos; este año 2011, luego de
una movilización histórica en el marco de un gobierno explícitamente de
derecha, se ha vivido la disyuntiva: sentarse en la mesa republicana a llevar
un proyecto con gradualidad, o patear el tablero y diluirse en la mayor
incapacidad política.
Hoy, en una raya para la suma,
el movimiento de Camila y George, arriesga de nuevo a perder el norte, al no ser capaz de potenciar cívicamente la
rebeldía y mística de los primeros meses. Pese a las desconfianzas, un gobierno
liberal de derecha viene a poner en perspectiva reformas que mejoran la
posición anterior, que le dan más transparencia al sistema y generan una
instancia fiscalizadora que faltaba en el Estado para evitar la venta de
ilusiones, de títulos vacíos, de carreras no certificadas, de universidades que
han sido meros negocios con fines de lucro, aunque la ley siempre lo ha
prohibido. Contar con un proyecto de ley
que crea la Superintendencia de Educación Superior permitirá fiscalizar el
cumplimiento de reglas mínimas de seriedad y de calidad, reconociendo que es el
inicio de un camino largo, que sólo se alcanzará con sacrificio y en esencia,
mediante un cambio cultural, que saque a la educación de la boa insaciable de
la codicia y de mercachifles sin control. Un liberalismo conceptualmente
ortodoxo debería sumarse a una erradicación de esas malas prácticas si quiere que
el modelo no colapse frente a las presiones sociales.
Y de Camila quizás se hable mucho más. Quizás, como lo sugirió el
Diputado Tellier, conformando un nuevo liderazgo femenino juvenil que compita
con la ex Presidenta Bachelet y las nostalgias concertacionistas. En política
nunca se sabe por donde saltará la liebre.
Periodismo Independiente,
Hernán Narbona Véliz, 19 de diciembre de 2011.



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