Comentemos primero la dinámica que llevó a esta crisis de confianza
La Polar es una gran tienda posicionada en el estrato más popular del mercado. Es sabido que el gran negocio del retail está en el manejo financiero, antes que en los márgenes comerciales. Cuando se maneja una cartera gigantesca de clientes, el riesgo de insolvencia depende de la correcta evaluación en la etapa de captación. Sin embargo, si la gran tienda masifica la colocación de tarjetas y otorga cupos de compra en forma irresponsable, a personas que no tienen capacidad de pago, la empresa comercial está incubando un desastre de mediano o largo plazo.
Cuando el sobreendeudamiento rebasa las capacidades de pago de las personas, se produce la morosidad y eso conlleva caer en una pendiente sin fondo. Los intereses por morosidad, los costos de cobranza, los costos legales, van engrosando la deuda en mora y una verdadera bola de nieve lleva al deudor a Dicom y de allí a una situación de exclusión total, sin poder trabajar en ninguna parte por tener los antecedentes financieros manchados.
La firma La Polar promocionó un sobre endeudamiento perverso, compitiendo por mayores ventas. Como todo el sector de retail usó rostros anclas para afirmar su posición frente a las demás cadenas.Tener una buena posición en el mercado permitía expandir el capital, colocando nuevos paquetes accionarios en la Bolsa.
En la vorágine financiera el Gerente de Finanzas de La Polar comenzó a repactar unilateralmente la deuda morosa, de manera de borrarla del pasivo, generando un nuevo crédito, a más altas tasas, de manera inconsulta, empaquetando capital, intereses, recargos, de manera de armar un nuevo capital al cual aplicaba nuevos intereses, más elevados, que quedaban como activo en el balance. Por lo tanto, de esta forma, con estas malas prácticas, la firma presentó resultados y expectativas irreales, infladas con esta maniobra que se realizó en forma unilateral. Captar capitales en la Bolsa de Valores con balances inflados constituye una defraudación a la fe pública. Los deudores que recibían estas repactaciones impuestas, reclamaron contra La Polar ante Sernac. Este organismo organizó demandas colectivas uniendo a las personas que habían sido víctimas y esto destapó las malas prácticas.
Seguramente, en ese momento, enfrentados al sinceramiento de una situación financiera de alto riesgo y vulnerabilidad, el Directorio de La Polar desautorizó estos manejos de su Gerencia de Finanzas y reconoció que la gran tienda debía hacer la provisión por el pasivo efectivo que se encontraba en mora, lo cual reventó la burbuja que se había instalado en los mercados bursátiles, provocando en una jornada una caida en el valor de sus títulos, que superó el 20%, determinando la Superintendencia de Valores y Seguros suspender las transacciones de estas acciones. Pero al día siguiente siguió la caida libre por encima de un 40%, provocando una alerta que se encendió en los mercados.
Hoy, mil personas más se sumaron en denuncias ante Sernac y la duda razonable del mercado se instaló por la probabilidad que similares malas prácticas pudieran estar dándose en otras cadenas del retail. De esta forma, hasta el Ministerio de Hacienda encendió alertas, ya que este tipo de acciones que están al límite de lo legal, pueden terminar afectando la credibilidad del mercado de capitales y repercutir en el riesgo país, que evalúan agentes internacionales independientes de los niveles políticos nacionales.
La confianza es la clave de los mercados de capitales. La fiscalización preventiva es indispensable. La labor de las Superintendencias de Valores y Seguros, de Sociedades Anónimas y de la Fiscalía Económica, son los canales de control para que el mercado funcione con mayor transparencia. Las colusiones de las farmacias, de los oligopolios de la energía, las sanitarias, los transportes y las telecomunicaciones, son riesgos cotidianos que afectan el interés general.
La necesidad de un Estado eficaz en la fiscalización es cada día más sensible y la civilidad, la comunidad nacional, desprotegida frente a los abusos de las corporaciones que concentran el poder económico, se está haciendo oir con mayor fuerza, alejándose cada día más de la institucionalidad política, ya que el descreimiento y el desencanto alcanza a toda la clase política. Situación que pone en situación de riesgo al sistema democrático.
En la complejidad de un conflicto en escalada, que amenaza con paralizar la economía, es grave que estas situaciones lleguen a estos niveles, por actitudes que llegan a la premeditada defraudación de la fe pública, en un libertinaje que puede terminar demoliendo el sistema teórico del liberalismo: la libre concurrencia en mercados abiertos, situación utópica en un país como el nuestro.
Una mirada libre a nuestro entorno

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