El domingo 15 de mayo una manifestación popular de caceroleos marca el inicio de una semana difícil para el Gobierno, toda vez que nuevamente, al igual que en el caso de Punta Choros, la ciudadanía rechaza en gran mayoría (un 60% de los ayseninos) el proyecto Hidroaysén.
Patagonia sin represas es un movimiento de rechazo que mantiene, además del respaldo aysenino, una gran red mundial de solidaridad y respaldo, lo cual deja al Gobierno en una incómoda situación internacional.
Los intereses que se han alineado en pro de este proyecto corresponden a la participación de gigantescas corporaciones internacionales, Endesa España y Colbún S.A, y se ha canalizado, lobbistas mediante, a través de una institucionalidad ambiental que fue diseñada en el período de la Concertación, y que permite legitimar con la participación de funcionarios que responden al Gobierno central, aquellos proyectos que políticamente se haya decidido favorecer.
Está fresca en la retina de la ciudadanía la aprobación que hizo el gobierno de Bachelet del proyecto termoeléctrico Campiche, de AES Gener en Puchuncaví, Ventanas, con un Decreto firmado un 31 de diciembre de 2009 después de movimientos internos, a diversos niveles, para realizar un cambio del uso de suelos, es decir, un traje a la medida, de manera de esquivar los pronunciamientos de la Contraloría y de la Corte Suprema que habrían impedido la realización del proyecto, dando así el gobierno de la época el pase a una termoeléctrica en un área ya saturada.
Como otro precedente histórico, cabe recordar que el año 2001, en el gobierno de Ricardo Lagos, cuando Rodríguez Grossi era Ministro, se aprobó para las termoeléctricas de Huasco y Tocopilla, el uso de petcoke, un residuo altamente contaminante y nocivo para la salud, que es considerado basura tóxica a nivel internacional. Pero esa decisión ha significado que hasta la fecha la contaminación se haya agudizado en ambas localidades.
En este mismo marco heredado y con los mismos estilos de pasillo, los temas son ahora Castilla en Atacama e Hidroaysén en la Patagonia. En el caso de Hidroaysén, el lobby ha sido oficial, ya que se ha manifestado a favor de él, el propio Presidente de la República, su Ministro estrella, Laurence Golborne y el Ministro del Interior, Hinspeter.
Por lo tanto, ha habido acá una decisión política de nivel central, que deberá enfrentar los costos del caso, como podrá ser la pérdida de popularidad del Presidente Piñera y los Ministros del área, en la próxima medición mensual de Adimark.
Frente al gobierno la ciudadanía articula sus redes, convoca a apagones y caceroleos y el gallito comienza a desarrollarse, con implicancias imprevisibles, ya que una situación como ésta, aglutinante y transversal es quizá lo que necesita la oposición para salir de su letargo.
Si la evaluación política es llevar adelante estos proyectos a como dé lugar, el gobierno de la coalición deberá asumir los efectos que pueda tener esta movilización social en los resultados electorales.
En rigor, la situación actual abandona el terreno racional de una mesa negociadora y se va por la vías de la confrontación, el juego de la presión y la medición de fuerzas. El gobierno se compra un conflicto más a beneficio de corporaciones foráneas, lo cual me parece un grave error político si lo que busca es sentar las bases para una continuidad de la Coalición por el Cambio en el poder.
La sensibilidad de la población es de incredulidad frente al terrorismo comunicacional de "Hidroaysén o el apagón" y los más racionales piden que, previamente a la decisión sobre el proyecto, se evalúe con transparencia el diseño de una matriz energética equitativa, que defina los requerimientos efectivos de energía y las vías de generación con uso de las diferentes alternativas, que son muchas.
Dejar la definición de estos temas de Estado a las fuerzas del mercado y a la ambición de grupos internacionales es otro error estratégico, ya que la motivación de esos privados es colocar su tecnología y experiencia mundial para generar energía y venderla al sistema productivo y habitacional del país, desplazando a competidores, en forma leal o desleal.
Nadie ha puesto una matriz clara, con costos sociales ocultos incluídos, que permita adoptar decisiones de Estado y no al trasluz de lo que le conviene al empresariado que ofrece una alternativa de su conveniencia.
Sin lugar a dudas, esta semana estará cruzada por los caceroleos y un gobierno regalando argumentos a la oposición para que se rearticule y ensaye un frente unido que, aceptando que puede tener un grado de información débil, tiene la percepción de estar defendiendo algo justo, en contra de la voracidad internacional, lo cual puede tener una escalada difícil de medir en sus efectos políticos.
Una mirada libre a nuestro entorno


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