Se ha levantado a nivel global la reacción de la ciudadanía. Los que fueron llevados a un sistema global de manera inconsulta, están en Madrid movilizados.
Están sufriendo un cambio profundo que ocurrió entre promesas de progreso. No alcanzaron a percatarse de que el Estado iba perdiendo sus atribuciones clásicas, integrándose en un sistema mayor que suponía cooperación y mayor crecimiento.
Sin embargo, ese proceso de inserción en la Europa desarrollada del Estado Benefactor tuvo sus límites y tocó fondo. La clase política estableció tratos impropios con el mundo corporativo, concedió a la doctrina neoliberal lo que no se debía conceder. En Europa las grandes empresas internacionales migraron sus establecimientos productivos a China y desde allí comenzaron a realizar su competencia planetaria.
De pronto, España se da cuenta que ha dejado de ser industrial y se ha convertido en una economía centrada en los servicios de turismo y en el desarrollo inmobiliario. Cuando deviene la crisis del 2008, yo estaba en Madrid y conocí las causas profundas de la crisis que se venía.
Había serios vacíos en las políticas de fiscalización a los flujos de comercio. Entrar a los sistemas abiertos de la CEE con China le significó a España resignar tributación de IVA, abrir su economía local a la inversión extranjera.
En España el Estado fue copado por los intereses corporativos de la banca, por la influencia de las multinacionales, las cuales, al responder a sus propios intereses, cuando se viene la crisis de los títulos inmobiliarios, escaparon de una plaza de riesgo, dejando a España con un record de desempleo, sobreendeudamiento interno, término de los subsidios que al principio le llegaban de la Comunidad Económica Europea, pero que ahora se reducían o desaparecían.
El español vivió en una burbuja que estalló, dejando la realidad de una economía desmantelada, con pocos establecimientos productivos y por ende poca capacidad de generar empleo. En esos momentos los españoles apreciaron que la globalización los zamarreaba, que el país lo importa casi todo, automóviles, tecnología, vestuario, y las decisiones económicas y financieras dejan de ser locales o nacionales para ser compromisos regionales, cada vez más duros.
Hay en esto un complejo proceso de aterrizaje o sinceramiento económico que se traduce en descontento. El hecho que España con Aznar se haya sumado a Bush y haya sido parte de la invasión de Irak, el consecuente impacto del atentado terrorista del 11 de Marzo en el corazón de los españoles, llevó a castigar a la derecha y repuso al PSOE en el gobierno, pese a que la salida de Felipe González Márquez había estado cruzada por hechos de corrupción.
Ahora, la gente está hastiada de la colusión de intereses entre la clase política y sus nuevos amos, los poderes fácticos del mundo corporativo, cuyos intereses defiende España en su política exterior, con cesiones increíbles de soberanía a beneficio de la globalización. Por eso, las banderas anticorrupción, por una nueva política, por recuperar soberanía popular, un sentimiento que podemos comparar perfectamente con la realidad de muchos países que hoy están viviendo similares manifestaciones.
Por ello, hay que seguir con atención las discusiones cívicas que ocurren en España, las marchas en Italia y en París. La gente está hastiada de una clase política parasitaria que no los representa, de políticos que sirven al sistema y están deslegitimados por acciones que faltan a la ética pública.
La pregunta es ¿qué destino tendrá este movimiento? ¿Será como la revolución pingüina que mandó a vía muerta el gobierno socialista de Michelle Bachelet? ¿Será una reedición 2.0 de la reforma universitaria de París 1968, cuando los jóvenes se convocaban para lograr lo imposible y llevar la imaginación al poder? ¿Será el inicio de un cambio de era a nivel global?
Los acontecimientos próximos y futuros podrán dar respuesta a estas interrogantes. En la telaraña del mundo global, las redes sociales comienzan a dar un ordenamiento programático a sus posiciones, a sus comunes denominadores. Talvez lo hagan twiteando o colocando un cartel con las demandas más sentidas en la Puerta del Sol, en Madrid. Hay que seguir esas señales.
Periodismo Independiente, 22 de mayo de 2011.
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