martes, 25 de mayo de 2010

En vísperas del desembarco de la roja en Sudáfrica


En vísperas del desembarco de la roja en Sudáfrica

Como un símbolo de la resiliencia del pueblo chileno, la bandera de Pelluhue, que reflejara  con su cuerpo raído y embarrado el dolor  nacional por la catástrofe, ese pabellón de unidad, será enviada a Sudáfrica para respaldar los esfuerzos mundialeros de la roja de todos. Esa energía irracional de todo un país tras el gol, será un aglutinante psicosocial durante todo el mes de junio y no dará cabida a acciones odiosas que quieran romper esta unidad de propósitos que nos regalará el fútbol.

Quizás sea el tiempo para intentar que fluyan con menos veleidades los proyectos legislativos que el país necesita para ir superando sus debilidades. Quizás el Mundial y la proximidad del bicentenario, permitan que quienes estén aún dolidos visceralmente por la derrota electoral y el desalojo del poder, empiecen a recapacitar y asumir sus errores, presentando propuestas que no sean panfletarias para legitimar su presencia política. Quizás sea el espacio que permita al gobierno el aire que no tuvo, por efectos de la catástrofe. Talvez puedan afiatarse en ese lapso los equipos de gobierno, para que, una vez superada la etapa de adecuación, puedan lograr que se ordenen los programas, que se cumplan las metas, para que el invierno se cruce con mínimos rigores para la gente damnificada.

Mientras la sociedad mediática avanza en la euforia de Sudáfrica, tras bambalinas  se podrá abordar con racionalidad  las prioridades que se debe establecer para afrontar eventuales próximas turbulencias internacionales. Porque tras el Mundial, independiente del nivel al que podamos llegar en la competencia, el mundo estará viviendo nuevas convulsiones, que ya se avizoran en la Comunidad Económica Europea y que nos impactarán. Debemos procurar que no nos resulte muy duro, que podamos navegar con mayor autonomía en nuestros mercados. Hay que pensar que es muy probable que Europa llegue a un plan de austeridad extendida, lo que significará una probable caída de los volúmenes y precios de los postres y las materias primas que conforman nuestros suministros de exportación. Esto transcurrirá seguramente, mientras la gran mayoría del planeta estará enfrascada  en las transmisiones satelitales de la competencia del fútbol.

Si quisiéramos anticiparnos a eventuales turbulencias, Chile no puede bajar el ritmo, debe apurar sus proyectos, acelerar los procesos de reconstrucción, aprovechando que este mercado de grandes obras públicas y recuperación de bienes de capital, estará en la mira de los contratistas y proveedores del hemisferio norte,  que quizás ofrecerán mejores precios, pues deberán competir más fuerte para ganar licitaciones en Chile, ya que sus mercados estarán deprimidos por la crisis en marcha.

En vísperas de la vorágine mundialista, antes que el fútbol clausure el hemisferio racional de nuestra sociedad, tratemos de aprovechar este veranito de San Juan, para que la política sea menos mediática, más sensata, que procure acuerdos que apunten a avanzar en los procesos que el país requiere. Aboquémonos a ponernos de pie, dando un espacio al consenso básico, declinando revanchismos y aprendiendo de los errores, a diestra y siniestra. Y obvio, que los ceacheí nos hagan exclamar “somos amigos o no somos amigos?¡¡¡¡¡”

Periodismo Independiente, Caldera, 25 de mayo de 2010.


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